Lugar: CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea – Santiago de Compostela) Zona: -1 (sótano) –
Del 13 junio 2025 – 05 octubre 2025 –
Artista: Priscilla Monge // Comisario: Santiago Olmo
Esta exposición resulta absorbente: en cuanto desciendes por las escaleras y comienza el recorrido, un nudo se instala en el estómago. Es una muestra dura, que aborda temas dolorosos y cotidianos, removiendo inevitablemente al espectador. Sin embargo, lo hace desde la ironía, la sutileza y una estética delicada que roza la poesía visual.
Entre las obras de Priscilla Monge destaca Enumeración de la sangre, concebida para la Bienal de La Habana (aunque más tarde fue censurada). La pieza replica una de las puertas que la artista vio en el Museo de la Revolución de Cuba, donde se había escrito con un dedo ensangrentado la palabra “Fidel”. Monge reproduce esa puerta en serie, sustituyendo la inscripción original por distintas frases ensangrentadas con el propósito de despojarla de épica y, en su lugar, reflexionar sobre la belleza, la muerte o la locura.
Otra serie de bordados y cartas —dispuestas como un juego en cadena— hace referencia a las sentencias de muerte aplicadas en Costa Rica hasta finales del siglo XIX. El proyecto surgió a raíz de la violencia policial ejercida en varias zonas de Latinoamérica durante los años noventa. Aquellas cartas en cadena que prometían éxito si se seguían o mala suerte si se rompía la cadena, le recordaron a la artista el eco de esas antiguas condenas a muerte, situadas entre el castigo y la superstición.
La muestra aborda también el feminicidio, la violencia escolar —en alusión a las masacres cometidas en institutos de EE. UU.—, los tabúes que pesan sobre la mujer (como la menstruación, entendida culturalmente como enfermedad o suciedad) y, de forma reiterada, la muerte. En su investigación sobre este tema en el arte contemporáneo, Monge descubrió que apenas había sido tratado. Inspirada por una frase de Clarice Lispector —“apagó la llama del día como un último suspiro”—, creó una serie de polaroids que traducen esa metáfora en imágenes.
La exposición también reúne obras presentadas en importantes bienales. El cuarto de aislamiento, por ejemplo, fue su propuesta para la Bienal de Venecia de 2001. Más tarde, en la Bienal de Pontevedra de 2010, presentó una instalación en la que las paredes cubiertas de pizarras reproducían el castigo escolar de escribir mil veces una frase. Pero aquí, las oraciones eran prohibiciones impuestas a la mujer: “no debo hablar”, “no debo discutir”, “no debo guardar secretos”.
Esta es, sin duda, una exposición imprescindible. No dudéis en visitarla.




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